viernes, 17 de febrero de 2017

ECOLOGÍA Y SOCIEDAD

NATURALEZA, SOCIEDAD Y PENSAMIENTO ECOL ÓGICO A LA LUZ DE LAS CONCEPCIONES DE MARX Y ENGELS


IMAGEN CRÌTICA DE BANKSY

ACTIVIDAD:

1. LEER Y TOMAR APUNTES PARA EVALUACIÓN ESCRITA Y ORAL DURANTE LA SEMANA DEL 20 AL 24 DE FEBRERO DEL AÑO EN CURSO.
2. ¿CUAL ES EL SIGNIFICADO DE LA IMAGEN DE BANKSY?

“Todo nos recuerda a cada paso que el hombre no domina, ni mucho menos, la naturaleza, a la manera como un conquistador domina un pueblo extranjero, es decir, como alguien que es ajeno a la naturaleza, sino que formamos parte de ella con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, que nos hallamos en medio de ella y que todo nuestro dominio sobre la naturaleza, y la ventaja que en esto llevamos a las demás criaturas, consiste en la posibilidad de llegar a conocer sus leyes y de saber aplicarlas acertadamente. “No cabe duda de que cada día que pasa conocemos mejor las leyes de la natu - raleza y estamos en condiciones de prever las repercusiones próximas y remotas de nuestra injerencia en su marcha normal. “Ahora bien, si ha hecho falta el trabajo de siglos hasta que hemos aprendido, en cierto modo, a calcular las consecuencias naturales de nuestros actos encami - nados a la producción, la cosa era todavía mucho más difícil en lo que se refiere a las consecuencias sociales de estos mismos actos. “Pero también en este terreno una larga y a veces dura experiencia y el acopio y la investigación de material histórico nos va enseñando, poco a poco, a ver cla - ro acerca de las consecuencias sociales directas y lejanas de nuestra actividad productiva, lo que nos permite, al tiempo, dominarlas y regularlas. Ahora bien, para lograr esta regulación no basta con el nuevo conocimiento. Hace falta, ade - más transformar totalmente el régimen de producción vigente hasta ahora y todo nuestro orden social presente”. Federico Engels

L a agudización de los problemas de contaminación y deterioro am - bientales forman parte de la crisis que afronta el capitalismo en su etapa agónica de carácter imperialista. Para eludir su responsabilidad, las clases dominantes lanzan explicaciones basadas en las engañosas apariencias que brinda la visión empírica y limitada del sentido común de las gentes, o recurren al análisis estrictamente ecológico que, como lo veremos, presenta serias limitaciones. La teoría científica del marxismo permite descubrir las falacias de esas interpretaciones y captar la verda - dera esencia de los problemas medio-ambientales. UNA TEORIA PARA LOSPROBLEMAS ACTUALES A pesar de que en el siglo pasado los problemas ecológicos apenas se insinuaban, Marx y Engels aportaron elementos teóricos claves para el análisis objetivo de la relaciones entre la naturaleza y la sociedad, gracias a su constante preocupación por los efectos sociales del avance científico y tecnológico y a su extraordinario talento para anticiparse a los acontecimientos, con base en el avance científico de los hechos. Antes que Haeckel acuñara el término ecología para referirse al estudio de las relaciones de los seres vivos con su ambiente, Engels había planteado en su Dialéctica de la Naturaleza la unidad de la materia y la necesidad de superar la visión compartimentada y metafísica de la naturaleza, estableciendo claramente la simultanea contradicción e identidad de la materia inorgánica y la materia viviente, como unidad dialéctica (1). Para Engels la vida es una forma de existencia de la materia, que aparece evolutivamente como consecuencia del desarrollo de la materia inorgánica. Con este descubrimiento, el célebre pensador desterró la teología de las concepciones biológicas. Al señalar con toda precisión en el intercambio permanente de sustancias con la naturaleza exterior que la rodea es un aspecto esencial de la vida, estableció la unidad dialéctica de lo biótico y abiótico, interacción que hoy en día se considera característica esencial de los sistemas ecológicos. A nivel filosófico, Engels debe ser considerado con toda prioridad un verdadero precursor de los principios teológicos más generales de la ecología. Engels trazo magistralmente la idea de la unidad dialéctica entre el hombre y la naturaleza, al demostrar que la especie humana surge como consecuencia del desarrollo natural de los primates pero se diferencia cualitativamente de ellos por factores sociales como el trabajo y el lenguaje, que hicieron posible el desarrollo de la conciencia racional. También señalo con precisión asombrosa, adelantándose a su época, el trasfondo económico, político y social del deterioro ambiental, al afirmar: “allí donde la producción y el cambio corren a cargo de los capitalistas individuales que no persiguen mas fin que la ganancia inmediata, es natural que solo se tomen en consideración los resultados inmediatos y directos, El fabricante o el comerciante de que se trata se da por satisfecho con vender la mercancía fabricada o comprada con el margen de ganancia usual, sin que le preocupe en lo más mínimo con lo que mañana pueda suceder con su mercancía o su comprador. A los plantadores españoles de Cuba, que pusieron fuego a los bosques de las laderas de sus comarcas y a quienes las cenizas sirvieron de magnifico abono para una generación de cafetos altamente rentables, les tenía sin cuidado el que, andando el tiempo, los aguaceros tropicales arrastrasen el mantillo de la tierra, ahora falto de toda protección, dejando la roca pelada. Lo mismo que a la naturaleza frente a la sociedad, solo interesa de un modo predominante, en el régimen de producción actual, el efecto inmediato y el más tangible” (2). Utilizando las categorías dialécticas del materialismo histórico, planteadas por Marx en sus escritos de economía política, Engels estableció que si bien la apariencia insinúa engañosamente la responsabilidad del avance productivo como causa esencial de la crisis, es en el carácter clasista de las relaciones de producción donde se encuentra la esencia de las mismas. Afirmó: “la crisis revelan la incapacidad de la burguesía para seguir rigiendo las fuerzas productivas modernas” (3). Más adelante, en el mismo artículo, demostró que la salida es el cambio revolucionario de las relaciones de producción: “las fuerzas activas de la sociedad obran, mientras no las conocemos y contamos con ellas, exactamente lo mismo que las fuerzas de la naturaleza; de un modo ciego, violento, destructor. Pero una vez conocidas, tan pronto como se ha sabido aprender su acción, su tendencia y sus efectos, en nuestras manos está al supeditarlas cada vez más de llenos a nuestra voluntad y alcanzar por medio de ellas los fines propuestos. Tal es lo que ocurre muy señaladamente con las gigantescas fuerzas modernas de producción. Mientras nos resistamos obstinadamente a comprender su naturaleza y su carácter –y a esta comprensión se opone el modo capitalista de producción y sus defensores -, estás fuerzas actúan a pesar de nosotros, contra nosotros y nos dominan, como hemos puesto bien de relieve. En cambio, tan pronto como penetremos en su naturaleza, esas fuerzas puestas en manos de los productos asociados se convertirán de tiranos demoniacos en sumisas servidoras. Es la misma diferencia que hay entre el poder maléfico de la electricidad en los rayos de la tormenta y el poder benéfico de la fuerza eléctrica sujeta en el telégrafo. (…) El día que las fuerzas productivas de la sociedad moderna se sometan al régimen congruente con su naturaleza, por fin conocida, la anarquía social de la producción dejara el puesto a una reglamentación colectiva y organizada de la producción acorde con las necesidades de la sociedad y el individuo”. En otro aparte subraya la misma idea, al conceptuar: “En cada crisis la sociedad se asfixia, ahogada por las masas de sus propias fuerzas productivas y de sus productos, a los que no puede aprovechar, y se enfrenta, impotente, con la absurda contradicción de que sus productores no tengan que consumir, por falta precisamente de consumidores. La fuerza expansiva de los medios de producción rompe las ligaduras con que los sujeta el modo capitalista de producción. Esta liberación de los medios de producción es lo único que puede permitir el desarrollo ininterrumpido y cada vez más rápido de las fuerzas productivas, y con ello, el crecimiento prácticamente ilimitado de la producción, sino que acaba también con el derecho y la asolación de fuerzas productivas y de productos, consecuencia inevitable de la producción actual, y que alcanza su punto de apogeo en la crisis”. Existe una tendencia muy generalizada entre los especialistas de las disciplinas naturales a analizar con los métodos y principios de estas ciencias el orden social característico del hombre o las relaciona naturalezasociedad. Por limitaciones históricas Darwin incurrió en este error (4). En la actualidad son frecuentes las visiones zoológicas del hombre que tiende a juzgar el comportamiento de la humanidad con base en las leyes de la etología, rama de la biología que estudia el comportamiento animal. Un ejemplo muy claro de dicha tendencia anticientífica se encuentra en la visión anti humanística del modo desnudo, de Desmond Morris (5). En igual forma muchos ecólogos trasplantan mecánicamente a la sociedad humana de las leyes propias de las poblaciones biológicas, ignorando que las poblaciones humanas no son entidades biológicas sino sociales, regidas fundamentalmente no por leyes biológicas sino por principios económicos, históricos, políticos y culturales. CARÁCTER DIALÉCTICO DE LA CONDICIÓN HUMANA La sociedad humana es un producto combinado de la evolución natural y del desarrollo social. De allí deriva su noble naturaleza. Por lo tanto, las actividades características del hombre y de manera especial los procesos productivos, que constituyen las base de la riqueza y el progreso social, deben considerarse desde esta perspectiva de integración dialéctica reciproca de lo natural y social, aspectos que se contraponen y se identifican a la vez, pero en donde la parte social juega el papel determinante. Como elemento biológico individual, el hombre formal parte inseparable de la naturaleza. Tanto en su origen como en las bases materiales, atómicas y energéticas, el hombre se identifica no solo con el resto de los seres vivos, sino con los mismos elementos inorgánicos. Como el hombre depende de la naturaleza en la consecución de sus medios de vida, inevitablemente entra en la intrincada red de nexos que relacionan la totalidad de los elementos bióticos y abióticos del sistema ecológico terrestre, pero con una propiedad cualitativamente diferencial respecto a los demás animales, y es de la que por su condición social y racional, su situación allí no es pasiva, como de las demás especies, sino profundamente transformadora. Las leyes que rigen el conjunto de relaciones naturales constituyen el objeto de estudio de las ciencias naturales, la biología, la química, la física, la geología, la climatología, etcétera. La ecología representa un intento de visión de conjunto de estas disciplinas naturales.

jueves, 16 de febrero de 2017

10° ECONOMÍA

EL MERCANTILISMO



Mercantilismo Cuadro de Le Lorrain que representa un puerto de mar francés de 1638, en el momento cumbre del mercantilismo. Se denomina mercantilismo a un conjunto de ideas políticas o ideas económicas de gran pragmatismo que se desarrollaron durante los siglos XVI, XVII y la primera mitad del siglo XVIII en Europa. Se caracterizó por una fuerte intervención del Estado en la economía, coincidente con el desarrollo del Absolutismo monárquico. Consistió en una serie de medidas que se centraron en tres ámbitos: las relaciones entre el poder político y la actividad económica; la intervención del Estado en esta última; y el control de la moneda. Así, tendieron a la regulación estatal de la economía, la unificación del mercado interno, el crecimiento de población, el aumento de la producción propia -controlando recursos naturales y mercados exteriores e interiores, protegiendo la producción local de la competencia extranjera, subsidiando empresas privadas y creando monopolios privilegiados-, la imposición de aranceles a los productos extranjeros y el incremento de la oferta monetaria -mediante la prohibición de exportar metales preciosos y la acuñación inflacionaria-, siempre con vistas a la multiplicación de los ingresos fiscales. Estas actuaciones tuvieron como finalidad última la formación de Estados-nación lo más fuertes posible. El mercantilismo entró en crisis a finales del siglo XVIII y prácticamente desapareció para mediados del XIX, ante la aparición de las nuevas teorías fisiócratas y liberales, las cuales ayudaron a Europa a recuperarse de la profunda crisis del siglo XVII y las catastróficas Guerras Revolucionarias Francesas. Se denomina neo mercantilismo a la periódica resurrección de estas prácticas e ideas. Introducción El mercantilismo es el conjunto de ideas económicas que consideran que la prosperidad de una nación-estado depende del capital que pueda tener, y que el volumen global de comercio mundial es inalterable. El capital, que está representado por los metales preciosos que el estado tiene en su poder, se incrementa sobre todo mediante una balanza comercial positiva con otras naciones (o, lo que es lo mismo, que las exportaciones sean superiores a las importaciones). El mercantilismo sugiere que el gobierno dirigente de una nación debería buscar la consecución de esos objetivos mediante una política proteccionista sobre su economía, favoreciendo la exportación y desfavoreciendo la importación, sobre todo mediante la imposición de aranceles. La política económica basada en estas ideas a veces recibe el nombre de sistema mercantilista. Los pensadores mercantilistas preconizan el desarrollo económico por medio del enriquecimiento de las naciones gracias al comercio exterior, lo que permite encontrar salida a los excedentes de la producción. El Estado adquiere un papel primordial en el desarrollo de la riqueza nacional, al adoptar políticas proteccionistas, y en particular estableciendo barreras arancelarias y medidas de apoyo a la exportación. Mercantilismo 2 Jakob Fugger «el Rico», pintado por Alberto Durero (1519) justo cuando estaba realizando el «negocio del siglo»: el préstamo a Carlos I de España que le permitió convertirse en Emperador, al financiar los cuantiosos sobornos a los príncipes electores. Los impuestos con los que se pensaba devolver el crédito fueron una de las causas de la Guerra de las Comunidades en Castilla. Poco antes, la venta de indulgencias para financiar la construcción de San Pedro de Roma, encendieron, también en Alemania, la Reforma luterana. Resulta comprensible que en la época se entendiese a la economía como algo explicable desde un punto de vista secular, no únicamente religioso, un juego de suma cero en que sólo se gana lo que otro pierde y estrechamente vinculado al poder político. El mercantilismo como tal no es una corriente de pensamiento. Marca el final de la preeminencia de la ideología económica del cristianismo (la crematística), inspirada en Aristóteles y Platón, que rechazaba la acumulación de riquezas y los préstamos con interés (vinculados al pecado de usura). Esta nueva corriente económica surgió en una época en la que las monarquías deseaban disponer del máximo dinero posible para sus cuantiosos gastos. Las teorías mercantilistas buscaban satisfacer esa demanda, y desarrollaron una dialéctica basada en el enriquecimiento. Esta corriente se basaba en un sistema de análisis de los flujos económicos muy simplificado en el que, por ejemplo, no se tenía en cuenta el papel que desempeñaba el sistema social. Fue la teoría predominante a lo largo de toda la Edad Moderna (desde el siglo XVI hasta el XVIII), época que aproximadamente indica el surgimiento de la idea del Estado Nación y la formación económico social conocida como Antiguo Régimen en Europa Occidental. En el ámbito nacional, el mercantilismo llevó a los primeros casos de intervención y significativo control gubernativo sobre la economía, y fue en este periodo en el que se fue estableciendo gran parte del sistema capitalista moderno. Internacionalmente, el mercantilismo sirvió indirectamente para impulsar muchas de las guerras europeas del periodo, y sirvió como causa y fundamento del imperialismo europeo, dado que las grandes potencias de Europa luchaban por el control de los mercados disponibles en el mundo. Como agente unificador tendente a la creación de un estado nacional soberano, el mercantilismo tuvo en contra dos fuerzas: Una, más espiritual-jurídica que política-económica, fueron los poderes universales: la Iglesia y el Imperio, la otra, de carácter predominantemente económico fue el particularismo local, con la dificultad que produce a las comunicaciones y la pervivencia de la economía natural (en determinadas zonas los ingresos del estado eran en especie y no en dinero); mientras que la pretensión mercantilista es que el mercado cerrado sea sustituido por el mercado nacional y las mercancías como medida de valor y medio de cambio sean remplazadas por el oro. El mercantilismo ve la intervención del estado como el medio más eficaz para el desarrollo económico. Otra tendencia del mercantilismo era robustecer hacia el exterior el poder del Estado, subordinando la actividad económica hacia ese objetivo, e interesándose por la riqueza en cuanto sirva de base para ella. El liberalismo considerará a la riqueza como preciosa para el individuo, y por ende, digna de ser alcanzada como fin en sí misma: si el particular no debe pensar más que enriquecerse, es un hecho puramente natural e involuntario que la riqueza de los ciudadanos contribuya a aumentar la riqueza del estado. En cambio, para los mercantilistas, la riqueza privada es simplemente un medio, y como tal se subordina al estado y a sus fines de dominio. A lo largo de este periodo durante el cual las hipótesis evolucionaron, aparece una literatura compleja, que da idea de que existe una corriente vagamente unificada. En el Siglo XIX, se extenderá por la mayoría de las naciones europeas, adaptándose a las características nacionales. Entre las escuelas mercantilistas se distingue: el bullionismo (o «mercantilismo español») que propugna la acumulación de metales preciosos; el colbertismo (o «mercantilismo Mercantilismo 3 francés») que por su parte se inclina hacia la industrialización; y el comercialismo (o «mercantilismo británico») que ve en el comercio exterior la fuente de la riqueza de un país. A partir de esa época, las cuestiones económicas dejan de pertenecer a los teólogos. La Edad Moderna marca un giro con la progresiva autonomía de la economía frente a la moral y la religión así como frente a la política. Esta enorme ruptura se realizará por medio de consejeros de los gobernantes y por los comerciantes.[1] Esta nueva disciplina llegará a ser una verdadera ciencia económica con la fisiocracia. Entre los muchos autores mercantilistas, hay que destacar a Martín de Azpilicueta (1492-1586), Tomás de Mercado (1525-1575), Jean Bodin (1530–1596), Antoine de Montchrétien (1576–1621), o William Petty (1623–1687). La confianza en el mercantilismo comenzó a decaer a finales del siglo XVIII, momento en el que las teorías de Adam Smith y de otros economistas clásicos fueron ganando favor en el Imperio Británico, y en menor grado en el resto de Europa (con la excepción de Alemania, en donde la Escuela Histórica de Economía fue la más importante durante todo el siglo XIX y comienzos del XX). Adam Smith, que lo critica con dureza en su obra titulada Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (conocida comúnmente como La riqueza de las naciones), califica el mercantilismo como una «economía al servicio del Príncipe». Curiosamente, y si bien había sido una antigua colonia británica, los Estados Unidos de América no se adhirieron a la economía clásica, sino al régimen económico que fue llamado «sistema americano» (una forma de neo-mercantilismo) a través de las políticas de Alexander Hamilton, Henry Clay, Abraham Lincoln y por lo que más tarde serían las prácticas económicas del Partido Republicano, que a su vez se reflejaron en las políticas de los historicistas alemanes y economistas como Friedrich List. Esto duró hasta el surgimiento del New Deal tras la crisis de 1929. Hoy en día la teoría del mercantilismo es rechazada por la mayoría de los economistas, si bien algunos de sus elementos en ocasiones son vistos de forma positiva por algunos, entre los cuales cabe citar a Ravi Batra, Pat Choate, Eammon Fingleton, o Michael Lind. [2] Doctrina económica mercantilista El mercantilismo como conjunto de ideas económicas Casi todos los economistas europeos de entre 1500 y 1750 se consideran hoy en día como mercantilistas. Sin embargo, estos autores no se veían a sí mismos como partícipes de una sola ideología económica, sino que el término fue acuñado por Victor Riquetti, Marqués de Mirabeau en 1763, y fue popularizado por Adam Smith en 1776. De hecho, Adam Smith fue la primera persona en organizar formalmente muchas de las contribuciones de los mercantilistas en su libro La Riqueza de las Naciones. [3] La palabra procede de la palabra latina mercāri 'comprar, adquirir, comerciar'; de la que deriva, el término mercantil, en el sentido de llevar a cabo un negocio. Fue utilizada inicialmente sólo por los críticos a esta teoría, tales como Mirabeau y Smith, pero pronto fue adoptada por los historiadores. El mercantilismo en sí no puede ser considerado como una teoría unificada de economía. En realidad no hubo escritores mercantilistas que presentasen un esquema general de lo que sería una economía ideal, tal y como Adam Smith haría más adelante para la economía clásica. En su lugar, el escritor mercantilista tendía a enfocar su atención en un área específica de la economía.[4] Sería después del periodo mercantilista cuando los estudiosos que vinieron posteriormente integrasen las diversas ideas en lo que llamarían mercantilismo, como por ejemplo Eli F. Heckscher[5] que ve en los escritos de la época a la vez un sistema de poder político, un sistema de reglamentación de la actividad económica, un sistema proteccionista y también un sistema monetario con la teoría de la balanza comercial. Sin embargo, algunos teóricos rechazan completamente la idea misma de una teoría mercantilista, argumentando que da «una falsa unidad a hechos dispares».[6] El historiador del pensamiento económico Mark Blaug hace notar que el mercantilismo fue calificado con el paso del tiempo como «molesto equipaje», «diversión de historiografía», y de «gigantesco globo teórico».

TOMADO DE:
https://www.virtuniversidad.com/greenstone/collect/negocioc/archives/HASH01d4.dir/doc.pdf

GLOSARIO

ABSOLUTISMO Régimen monárquico en el cual el rey tiene todo el poder, sin que ninguna persona o institución pueda controlarlo. LIBRE COMERCIO Política económica que elimina o disminuye las barreras aduaneras. Es lo opuesto al proteccionismo. MERCADO Conjunto de las actividades comerciales y productivas de la vida económica. POLÍTICA PROTECCIONISTA Política económica que busca proteger los productos del propio país, mediante la imposición de limitaciones a la entrada de productos extranjeros similares o iguales. Para ello se imponen aranceles e impuestos a la importación, que encarecen el producto importado.



TOMADO DE:
http://contenidos.ceibal.edu.uy/fichas_educativas/_pdf/historia/mundo/022-la-economia-mercantilista.pdf